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María Alejandra Rodríguez Maldonado

La creadora de Crème De La Crème, después de estudiar cocina y pastelería en el Instituto Superior Mariano Moreno en Bogotá, viajó a Francia para especializarse en Pastelería y Chocolatería Francesa. Estudió en L’école Nationale Supériure de Patisserie en Yssingeaux y luego tuvo la oportunidad de trabajar por aproximadamente un año con Frédéric Hawecker, MOF Chocolatier & Confisseur, al sur de Francia. En el 2013 regresó a Colombia y aunque su sueño en ese momento no era tener un negocio propio, la vida le fue mostrando que ese era el camino que debía seguir.

Empezó a hacer chocolates para venderle a sus conocidos pero sin darse cuenta, algo que estaba haciendo como un hobbie mientras encontraba la forma para regresar a Francia, empezó a crecer y un año después ya tenía su marca propia. 

Crème De La Crème nació a finales del 2015 y estaba enfocada en hacer regalos corporativos.

Ximena Maldonado

Su mamá, empezó a trabajar con María Alejandra años después, cuando  la empresa empezó a crecer. Al principio le ayudaba en sus tiempos libres con lo que necesitara pero en el 2020 renunció a su trabajo para dedicarse 100% a la chocolatería. A Ximena siempre le apasionó el mundo de la cocina y la pastelería y aunque no tenía conocimiento en chocolatería, con María Alejandra fue aprendiendo todas las técnicas hasta convertirse  en  la jefe de producción, la encargada de supervisar los procesos de elaboración y asegurarse de que todo esté perfecto, mientras María Alejandra está enfocada  en toda la parte creativa, nuevos productos, empaques, mercadeo y experiencia del usuario.

Dos mujeres, Madre e Hija, que con todo el amor hacia esta profesión han sacado una marca adelante, con mucho trabajo, determinación, paciencia y pasión.

En un principio, Crème De La Crème se enfocaba en ventas corporativas. Sus clientes principales eran empresas y centros comerciales que buscaban sorprender a sus clientes y/o colaboradores. Sin embargo, en el 2020, con la pandemia todo cambió. Las empresas ya no estaban comprando pero se abrió un nuevo mercado. Las personas estaban buscando regalos para sus seres queridos, para expresarles su amor y gratitud y sobre todo decirles cuánto los extrañaban en ese momento, donde los abrazos y el contacto físico se volvieron un recuerdo.

Recibir un regalo de alguien especial nos hacía sentir que estábamos cerca de ella.

Mi mamá y yo tenemos muchas cosas en común. Nuestra pasión por la gastronomía, el amor por los viajes, la creatividad y la facilidad para trabajar con las manos. Encontramos inspiración para crear en todas partes. Pero sobre todo, uno de sus lenguajes de amor más evidentes es preparar comida deliciosa para otras personas. Algo también heredado de las abuelas de María Alejandra.

¿Por qué la Pluma en el logo?

La pluma tiene un significado muy importante para mi. Representa el Águila. 

Un animal de poder que me ha acompañado desde el 2013 cuando regresé a Colombia. Me ha guiado los últimos 10 años y nunca deja de sorprenderme con su sabiduría y enseñanzas.

Estaba pasando por un momento de mucha frustración porque después de estudiar en una de las mejores escuelas de Francia y trabajar con uno de los chocolateros más reconocidos del momento, se me estaban cerrando las puertas en ese país. A los 21 años lo único que quería era trabajar y aprender de los mejores en París, pero la vida tenía otros planes para mi. Planes mucho más grandes, llenos de amor y felicidad. Algo que me costó mucho trabajo entender.

La vida me cerró una puerta en Francia pero me abrió un camino gigantesco en Colombia que me iba a llevar a un proceso de autodescubrimiento donde encontré mi misión de vida y mi pasión, que están muy relacionadas con mi profesión. Si no hubiera sido por el chocolate, mi experiencia trabajando con él y viendo el efecto que tenía en mi y sobre todo en los demás, probablemente no me hubiera encontrado con el poder sanador del cacao.

Para mi es claro que todo ese descubrimiento lo tenía que hacer estando en Colombia, un país cacaotero, que me da la materia prima con la que trabajo y a unque Francia me dió todo el savoir faire de la chocolatería y sus técnicas, Colombia y Centroamérica me están conectando con el Cacao y su elemental – LA MEDICINA DEL CORAZÓN.

En ese momento, estando en Colombia, llegó el águila a mi vida con una historia y aprendizaje muy lindo:

Dicen que cuando el águila tiene 30 años, tiene el pico tan largo y deforme que no puede comer, las garras tan largas que no se puede agarrar de ningún árbol y las plumas tan desgastadas que ya no puedo volar bien. El águila tiene dos opciones: Dejarse morir o pasar por 6 meses de transformación muy dolorosa. Si elige la segunda opción, debe buscar un lugar seguro en la montaña donde se pueda arrancar las plumas, tumbarse el pico y las garras y esperar a que todo vuelva a crecer.

Si el águila logra superar esta prueba, puede vivir 30 años más. Es como el Ave Fénix, que resurge de sus cenizas.

Fue ahí cuando entendí que, a pesar del dolor y la frustración que sentía porque mi sueño de vivir y trabajar en Francia se estaba derrumbando, tenía que levantarme y buscar nuevas alternativas acá en Colombia decidiendo tener mi propia chocolatería en Bogotá

Semanas después de leer esta historia, mi mamá hizo un viaje a Guatemala y de regalo me trajo un dije del animal que me representa según mi fecha de nacimiento en el calendario maya y para mi sorpresa mi animal es el águila.

En ese momento supe que, en este nuevo proyecto que emprendía con mi propia chocolatería, el águila debía ser parte de la marca y la pluma fue la forma más sutil, armoniosa y delicada de representar a este mensajero y guía.

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